La sequía y su trascendencia económica

Gonzalo Delacámara

En muchos lugares del mundo, el agua es un activo económico crucial y su escasez un factor limitante para el desarrollo… o una oportunidad. Ocurre en el oeste de EE UU, el Pacífico peruano, norte de Chile, la mayor parte del Mediterráneo, Oriente Medio, Australia, amplias zonas de Asia… En España, la gestión del agua también es esencial para explicar el desarrollo económico y social. El 16% del valor añadido bruto de la agricultura de la UE proviene de España. No es el único ejemplo: el desarrollo de un sector energético moderno, el súbito proceso de urbanización o la expansión del turismo son igualmente casos paradigmáticos. El agua está en los cimientos del sistema productivo, aunque con frecuencia se omita este hecho. Así, su gestión siempre se percibe como central para el desarrollo local y regional, pero tiende a diluirse al reflexionar en el ámbito nacional.

Sin embargo, el éxito en movilizar el potencial del agua para el desarrollo viene de la mano de barreras significativas de gobernanza y numerosos desafíos. Junto al crecimiento de la población (un 53% desde 1960) y del valor de la producción (se ha multiplicado por seis desde 1960), la demanda de agua también ha aumentado (un 52% desde 1970 y hasta 2012) y, en algunas cuencas como el Segura, es ahora mayor que los recursos disponibles a largo plazo (se estima que en 15 años habrá un déficit superior al 30%). Actividades económicas clave para el país son cada vez más dependientes de un suministro estable de agua y muchísimo más vulnerables a variaciones en las precipitaciones como las que padecemos ahora.

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Published On: septiembre 6, 2017

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